1 jun
R: La evolución de la hemodonación en nuestra comunidad ha sido notable, especialmente en el ámbito tecnológico, el cual estamos implementando de manera progresiva, aunque con cierto retraso. Asimismo, se ha avanzado significativamente en la seguridad del proceso; hoy en día, cada donación es más segura gracias a la sólida experiencia y al conocimiento acumulado por las enfermeras de nuestro Centro Comunitario.
Por otra parte, la donación por aféresis ha ganado un terreno que resulta vital y fundamental con la mirada puesta en el futuro. En esta modalidad, al igual que ocurre con la donación de sangre total, las enfermeras somos las responsables de garantizar que todo el procedimiento transcurra con absoluta normalidad, aportando un bagaje clínico verdaderamente envidiable.
Sin embargo, lo que suele pasar más desapercibido de cara a la ciudadanía es la carga administrativa y de gestión que arrastra cada bolsa de sangre, una labor en la que no solo intervenimos las enfermeras. De todo este complejo engranaje, la sociedad suele percibir exclusivamente la fase de "la extracción". Lo que queda oculto a simple vista es el esfuerzo que hay detrás, como la gestión y actualización constante de la entrevista médica, el control riguroso de los tiempos y la trazabilidad absoluta que exige cada hemocomponente.
R: El criterio clínico influye absolutamente en todo. Debemos partir de la base de que el donante es una persona totalmente sana que decide ofrecer desinteresadamente una parte de su tiempo y de su salud, algo que no podemos perder de vista. Es frecuente que, sobre todo quienes acuden por primera vez, experimenten cierto grado de miedo o ansiedad. Es ahí donde el "ojo clínico" de la enfermera se vuelve un factor vital. Su función va mucho más allá de valorar correctamente el acceso venoso; implica saber leer e interpretar el lenguaje no verbal del donante para reducir su nivel de estrés y prevenir de forma precoz cualquier reacción adversa, como las respuestas vasovagales.
Esa profesionalidad constituye la línea divisoria entre lograr que una persona regrese a donar otra vez a los tres o cuatro meses o que decida no volver jamás.
La fidelización es el resultado tanto de una aguja perfectamente canalizada como de conseguir un proceso que discurra sin la menor incidencia para el ciudadano, una situación en la que la enfermera está directamente implicada. En este sentido, tengo la suerte de contar con compañeras excepcionales que manejan un abanico amplísimo de intervenciones orientadas a que cualquier riesgo prácticamente desaparezca.
R: Fuera del entorno específico de la hemodonación, desgraciadamente todavía existe un gran desconocimiento al respecto. La aféresis es un procedimiento muy interesante que nos permite obtener plasma (plasmaféresis) y plaquetas (plaquetoaféresis) de una calidad óptima. Debemos recordar que el plasma es un recurso imprescindible para la fabricación de hemoderivados y para el tratamiento de patologías oncohematológicas o autoinmunes, mientras que las plaquetas, debido a su corta vida útil, se necesitan de manera prácticamente permanente en los centros hospitalarios.
A diferencia de la extracción tradicional, la donación por aféresis es un proceso algo más largo que requiere el uso de tecnología específica, el separador celular, así como una formación complementaria por parte de las enfermeras. Aunque para el donante el proceso resulta bastante similar al de una donación de sangre total, para el colectivo de enfermería exige un extra de cualificación y conocimientos teóricos y técnicos. Al tratarse de una modalidad cuyos requisitos de acceso son un poco más exigentes, no es tan "visible" en las grandes campañas masivas de captación. Por ello, todavía queda mucha labor pedagógica por hacer, incluso entre los propios profesionales de la salud, para que se tome verdadera conciencia de su impacto real.
R: En Asturias nos enfrentamos al que es, sin duda, nuestro mayor reto actual, y que podría convertirse en un auténtico drama si no le ponemos remedio a tiempo. En estos momentos, se está "estirando el chicle" más de lo debido con los donantes habituales. Ellos son quienes soportan el mayor peso del sistema, y nuestra prioridad diaria como enfermeras es asegurar que, mientras sigan acudiendo, lo hagan en condiciones de máxima seguridad hasta alcanzar el límite de edad legalmente permitido.
Por otro lado, desde el Centro Comunitario realizan un esfuerzo constante por acercarse a universidades, institutos y centros de trabajo con el fin de propiciar ese recambio generacional tan urgente, aunque admito que estas acciones no están resultando todo lo efectivas que debieran. Ante esta realidad, es imperativo redoblar los esfuerzos y exigir una mayor implicación y apoyo por parte de las instituciones, y muy especialmente de la Sanidad Pública. Considero que la Consejería y el SESPA son actores fundamentales en este engranaje y, sinceramente, echo de menos una implicación mucho más constante, firme y activa por su parte.
R: Aunque de esa etapa hace ya muchísimos años, es innegable que trabajar en esos sectores te dota de una perspectiva muy diferente y enriquecedora a la hora de enfrentarte a los procesos asistenciales. Por un lado, la experiencia en las urgencias de atención primaria te otorga agilidad clínica y capacidad de resolución para manejar cualquier tipo de incidencia, enseñándote además a priorizar. Por otro lado, el paso por el ámbito sociosanitario te aporta un bagaje único, lo más destacable es el trato y manejo de perfiles muy vulnerables, es otra historia.
Toda esa amalgama de experiencias me resultó de utilidad al incorporarme al servicio de hemodonación. Aunque aquí atendemos a personas fundamentalmente "sanas" que acuden de forma totalmente voluntaria, la diversidad de perfiles que recibimos en el centro de donación es inmensa: abarcamos desde una joven de 18 años que acude por primera vez completamente aterrada, hasta el donante veterano y habitual que viene plenamente concienciado.
R: A nivel puramente técnico, esta disciplina exige un manejo pleno de los protocolos de extracción y de todas las tareas asociadas a ellos, así como una buena destreza manual en la canalización de vías de grueso calibre. Este es, de hecho, el aspecto más visible de nuestra profesión y al que los ciudadanos otorgan mayor importancia; lógicamente, a nadie le agrada el momento del "pinchazo", por lo que el profesional debe estar impecablemente entrenado.
Sin embargo, tras eso, el enfoque cambia por completo. Al no tratar con personas enfermas sino con ciudadanos sanos y altruistas, los cuidados enfermeros se reorientan hacia la prevención de efectos adversos, su resolución inmediata en caso de que aparezcan, y una labor de promoción y educación para la salud encargada de resolver cualquier tipo de duda o inquietud.
Cabe destacar que, al igual que ocurre en otros muchos servicios, no disponemos de una especialidad reglada en este campo. Por lo tanto, es la propia enfermera la que debe gestionar su capacitación de forma autónoma, asumiendo su formación por cuenta y riesgo mediante la realización de cursos de experto, másteres u otros programas específicos del ámbito.
R: Desde el plano de la educación para la salud, lo que el resto de compañeras puede aportar se resume en dos pilares: normalización y concienciación. Tanto en una consulta de Atención Primaria como en cualquier planta de hospitalización, si las enfermeras dispusieran del material divulgativo adecuado en sus manos, podrían canalizar una información de un valor incalculable a cualquier persona que muestre interés o que sea un donante potencial de sangre. Estoy completamente convencido de que si todas las enfermeras colegiadas de Asturias actuáramos como promotoras activas de la donación en nuestro día a día, el problema del relevo generacional se resolvería en un abrir y cerrar de ojos.
R: Como bien saben todas las compañeras enfermeras, la enfermedad es algo que nunca se va de vacaciones. Los accidentes siguen ocurriendo, las intervenciones quirúrgicas no se detienen y los pacientes oncohematológicos continúan necesitando su soporte transfusional de manera diaria e inaplazable. Como enfermeras, conocen esta realidad mejor que nadie.
Por ello animo a todas no solo a donar sangre, sino a que nos transformemos, en cierto modo, en altavoces de esta necesidad dentro de nuestros respectivos entornos.
Mantener las reservas de sangre en niveles óptimos no es una tarea exclusiva del verano, sino un requisito indispensable durante todo el año. La única solución verdaderamente viable a largo plazo consiste en instaurar de forma sólida en nuestra sociedad la llamada “cultura de la donación”, logrando que se incorpore como un hábito cotidiano más. Al fin y al cabo, resulta mucho más sostenible para el sistema contar con una gran masa de población que done una o dos veces al año, que depender de un grupo reducido de personas que tengan que donar de manera muy reiterada.